Donantes presuntos?

Lo que sigue, fue la charla de un enviado del diario Clarin(oculto), con el Dr Herman Peinado Diniz, que en esos momentos se encontraba de guardia en la sala de terapia intensiva del Hospital Japonés de Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia.

�¿Y el donante, doctor?

�El donante se consigue acá. Hay gente que se dedica a hacer este trabajo. Esta persona lo busca, y nosotros vemos que esté sano y estudiamos la compatibilidad con el paciente que necesita el trasplante.

�¿Hay alguien que busca y selecciona personas para que donen uno de sus riñones?

�Claro. A diferencia de la argentina, la ley boliviana no exige que para ser donante haya que ser familiar del paciente. Sólo dice que tiene que haber una donación por altruismo, en forma espontánea y sin esperar ninguna retribución económica ni de ningún tipo. Esto tiene que estar en un documento. Porque nuestra ley es bien clara: tiene cárcel el que compra, el que vende y el que hace comprar.

â€?Claro, pero yo al órgano tengo que pagarlo…

�Sí, por supuesto.

�¿Y yo al que consigue el órgano lo voy a conocer?

�No, no.

� ¿Y a quién le pago, doctor? �quiso saber el supuesto paciente.

�Usted puede arreglar conmigo. El trasplante es un paquete. Y ahí va incluido el órgano.

El diálogo ocurrió el jueves 8 de junio

Y que pasaba del otro lado de la historia?

Héctor recibe a Clarín sentado en uno de los sillones de su amplia casa de Vicente López, mientras aspira su habano como si en cada pitada se le fuera la vida. “El verdadero problema es que haya gente tan pobre que tenga que salir a vender sus riñones, pero negar esta realidad es una hipocresía. Si el pobre tipo no vende su riñón saldrá a robar, a matar. O se enfermará y se morirá igual, aunque tenga los dos riñones. Es natural y hasta lógico que busque una salida. Yo haría lo mismo”, asegura Héctor, que modula su voz gruesa para contar cómo le trasplantaron en Bolivia el riñón que lleva debajo de una cicatriz bordada unos centímetros por encima de su ingle derecha.

“Siempre me alimenté mal, con ansiedad, consumía grandes cantidades de dulces. Los análisis me daban flojos, pero un día la diabetes me dejó sin opción: a los 58 años mis riñones sólo trabajaban al 10 por ciento de su capacidad”. Con la garantía de que su verdadero nombre no será publicado, Héctor evita los rodeos y las frases de compromiso. Cuenta que por su enfermedad casi no orinaba, había perdido coordinación motriz y se quedaba dormido todo el tiempo; recuerda su ingreso al sistema de diálisis como “un impacto emocional enorme para el cual nadie te prepara”, y admite que desde el primer día buscó la forma de escapar de él. Su oportunidad llegó a los ocho meses, cuando se enteró de que uno de sus compañeros de diálisis se había trasplantado en Santa Cruz de la Sierra.

“En los círculos de diálisis se desalientan las charlas sobre el trasplante. Dicen que es para no crearle falsas expectativas a los que no pueden operarse por el estado de su cuerpo, pero también lo hacen porque así se les termina su negocio. Y aunque todos saben que en otros países se venden riñones, nadie lo comenta. Es parte de la hipocresía que rodea a este tema”, se altera. “Tanto oscurantismo alimenta el fantasma del robo de órganos, algo que no existe en ningún lado. Y el Estado no está para controlar la moral”, dice Héctor. “Yo me trasplanté en junio de 2004. Al día siguiente de la cirugía orinaba perfecto, y ahora vivo como antes. A mi obra social logré cobrarle un tercio de los 70.000 dólares que pagué por el trasplante. ¿Cuánta plata recibió la persona que donó el riñón? No tengo idea”, reconoce. Y aprieta los labios contra el habano tibio.

Nota del admin:
Las sociedades carenciadas, suelen recurrir a cualquier metodo, para lograr su subsistencia y tratar de desarrollarse como personas.
Pero del otro lado de la linea existen distintos tipos de abusos que por un lado, fomentan este tipo de hechos y por otro lado, lo condenan.
La ley de Donante Presunto, establecida recientemente en Argentina, lejos de evitar estos hechos, los fomenta e incentiva, dejando un vacio legal, muy amplio

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